El correo electrónico es un flujo de trabajo entre dominios en el ámbito de la defensa
Para las organizaciones de defensa, el correo electrónico constituye un flujo de trabajo destinado a la coordinación de misiones, la colaboración en la cadena de suministro, el intercambio con aliados y socios, y la transmisión de documentos operativos confidenciales entre distintos ámbitos de seguridad.
Esa realidad cambia la pregunta que deben plantearse los responsables de seguridad. La pregunta pasa de ser «¿Es este correo electrónico malicioso?» a «¿Está este contenido autorizado, correctamente clasificado y es seguro trasladarlo de un entorno a otro?».
Lo que se permite modificar es tan importante como lo que es malicioso
Los controles tradicionales del correo electrónico están diseñados para identificar indicadores conocidos de compromiso, remitentes sospechosos y cargas maliciosas. Esos controles son muy importantes, pero en entornos de defensa solo constituyen una parte de la decisión.
Un archivo puede parecer inofensivo y, aun así, suponer un riesgo si la marca de clasificación, los metadatos incrustados, la etiqueta o el contenido sensible no se corresponden con el dominio de destino. Ahí es donde la seguridad del correo electrónico se vincula con la política de divulgación, la prevención de la pérdida de datos, la seguridad entre dominios, la auditabilidad y la garantía de la misión.
Los archivos adjuntos maliciosos convierten los flujos de trabajo de confianza en un riesgo operativo
Los atacantes saben dónde los flujos de trabajo de confianza generan vulnerabilidades. Un mensaje procedente de un proveedor conocido, un socio de misión o una cuenta interna puede contener un remitente suplantado, una identidad comprometida, un archivo adjunto cifrado, una macro maliciosa o un señuelo para obtener credenciales que parezca lo suficientemente rutinario como para propagarse rápidamente por la organización.
Para los equipos de seguridad, la preocupación práctica es si un archivo adjunto que parezca fiable puede introducir información confidencial en un flujo de trabajo inadecuado antes de que nadie disponga de suficiente contexto para detenerlo. El contenido entrante debe inspeccionarse antes de su entrega, y el contenido saliente requiere una decisión de autorización antes de salir del dominio. Una vez que el contenido cruza un límite, el incidente pasa de ser puramente técnico a tener dimensiones operativas, probatorias y normativas.
IBM constató que la detección y la escalación, junto con la pérdida de negocio, representaban el 63 % del coste medio de una violación de seguridad, que aumentó un 12 % con respecto al año pasado hasta alcanzar la cifra récord de 4,99 millones de dólares. En el contexto de la defensa, las preguntas más difíciles suelen ser más específicas: ¿Qué se movió? ¿Adónde se movió? ¿Qué política de clasificación o divulgación lo permitió? ¿Se registró la decisión? ¿Y puede la organización explicarlo durante una auditoría, un proceso de autorización o una revisión posterior al incidente?
Lee primero la clasificación y luego decide qué se puede mover
Un enfoque que da prioridad a la prevención consiste en considerar cada mensaje saliente y cada archivo adjunto como una decisión de autorización, y cada mensaje entrante como una decisión de entrega. ¿Cuál es la clasificación? ¿Contiene el contenido secretos, datos regulados o información restringida? ¿Contiene el archivo adjunto contenido activo, código malicioso o comportamiento oculto? ¿Debe bloquearse, ponerse en cuarentena, depurarse o autorizarse?
MetaDefender™ Email Gateway Security aplica controles por capas al contenido del correo electrónico, los metadatos y los archivos adjuntos, combinando capacidades como la clasificación de seguridad, Proactive DLP™, Metascan™ Multiscanning, Adaptive Sandbox, y la tecnología Deep CDR™ para ayudar a los equipos a aplicar las políticas antes de que el contenido llegue a los usuarios o cruce los dominios.
Diseñar controles en torno a los flujos de trabajo de las misiones
La seguridad del correo electrónico en el ámbito de la defensa debe adaptarse al modo en que operan realmente los equipos de misión. Esto implica un intercambio seguro entre organizaciones, proveedores y socios de la coalición, con políticas que se apliquen en los límites de clasificación, junto con soluciones acreditadas que abarquen distintos dominios. Implica controles que puedan funcionar en entornos locales, aislados o con aislamiento físico. Implica analizar los archivos adjuntos cifrados y protegidos con contraseña antes de que lleguen a la bandeja de entrada. Y implica reducir la clasificación manual mediante la liberación basada en políticas, al tiempo que se conservan las pruebas de cada decisión.
Cinco preguntas que deberían plantearse los responsables de seguridad en el ámbito de la defensa
- ¿Puede la capa de seguridad del correo electrónico identificar las clasificaciones «OFICIAL», «SECRETO» y «ALTAMENTE SECRETO» en los archivos adjuntos?
- ¿Se revisan el contenido de los correos electrónicos, los metadatos y los archivos adjuntos para detectar información confidencial, datos regulados e incumplimientos de las políticas de divulgación antes de que salgan del dominio?
- ¿Es posible reconstruir y depurar los archivos adjuntos para que los documentos de misión sigan circulando con un menor riesgo derivado del contenido activo?
- ¿Es posible analizar archivos cifrados, protegidos con contraseña, de tipo «zero-day» y evasivos antes de que lleguen a las bandejas de entrada sin depender de un único motor de detección?
- ¿Es posible registrar todas las decisiones relativas al bloqueo, la cuarentena, la desinfección o la liberación con fines de auditoría, autorización y garantía?
Convierte el correo electrónico en un punto de intercambio controlado
La seguridad del correo electrónico en el ámbito de la defensa no debe limitarse únicamente al filtrado de spam o a la detección de malware. Debe funcionar como un punto de intercambio controlado para las comunicaciones de misión, la protección de datos, la seguridad entre dominios y la garantía de la divulgación de información.
Por lo tanto, el siguiente paso es preguntarse si la capa de seguridad del correo electrónico es capaz de leer el contenido, comprender el contexto de las políticas, neutralizar el riesgo siempre que sea posible y aportar las pruebas necesarias para justificar cada decisión de autorización de envío.
